16 septiembre 2010

Raúl Zurita en Santander


Del 14 al 17 de septiembre se estará realizando en la ciudad de Santander, España, el Noveno Congreso de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos que cuenta entre sus invitados al poeta Raúl Zurita, quien ofreció el día inaugural un recital poético en el Paraninfo de la UIMP. El catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Alicante y presidente de la AEELH, José Carlos Rovira se refería en estos términos a la obra y figura del poeta chileno:

Sabemos que es una figura mayor de la poesía chilena. Raúl se crece en los recitales. El recital tendrá una intimidad nueva: está preparando un libro, anticipado por unos 'Cuadernos de guerra' (Madrid, 2009) que se llamará sólo como su apellido, con la matización anglosajona de «obra en progreso»: «si uno indaga en uno mismo está indagando en todo», nos dijo alguna vez el poeta, un día en que las palabras electrizaron de alguna forma el ambiente.

La imagen de fragilidad que al poeta le crea algún problema de salud se difuminará conforme la palabra llene la sala. Conseguirá un «crescendo» que se pliega a recorridos por la intimidad, por la biografía personal, por la metaforización de la historia y, sobre todo, por la recreación de naturalezas y músicas, que todo eso es su poesía. Creo que la naturaleza es el mejor referente del lenguaje de Raúl: emocionan sus ríos, sus cielos, sus montañas.transfigurado todo por la memoria personal, la familiar que hace otra vez emerger recuerdos en textos en los que el poeta configura una soledad, que es desvalidez, que es también abandono y afirmación en la historia.

En un ensayo bastante reciente, de 2006, titulado 'Los poemas muertos', Raúl Zurita aborda un sentido de la relación cultura-naturaleza, que es uno de los ejes centrales de su obra, con una afirmación americana, y chilena, que es necesario recordar: «No esculpimos el Moisés ni la Pietà, no nos fue dada la cúpula de San Pedro, pero están los Andes, la vastedad del Pacífico y los glaciares, la visión del desierto de Atacama transparentándose frente al océano. Es eso: no pintamos el Juicio Final, pero nos tocó el color de los desiertos -el color más parecido al de nuestras caras-».

Su palabra crece en la observación de «pequeños tipos rotos en un pequeño país roto», y lo de «país roto» es una insistencia memorial de alguien que vivió y sufrió su país en tiempos de desolación y dictadura, hasta el punto de protestar contra la misma desde la mayor impotencia, autolesionándose públicamente, abriendo un exilio por otras naturalezas de las que crean memoria, pero no pueden ser la memoria.

Hay en sus últimos textos recuerdos y sueños de un protagonista llamado Kurosawa que filmaría la naturaleza y la desdicha; sueños con Beethoven en medio del silencio del desierto de Atacama; imaginación visionaria en la que los ríos de Babilonia, resecos y bizcos, se llaman Jean-Paul Sartre, lo que resulta cómico en el continuo vislumbrar la naturaleza desde referentes culturales; imaginación desbordada la de Zurita que recala en arbitrarios imaginativos que, más que deudores a la construcción surreal, son homenaje al desquiciamiento que la soledad ampara, en un diálogo frenético entre lo privado y lo público que tiene como interlocutor privilegiado a la naturaleza.

Hay siempre poemas antiguos, como su 'Canto a su amor desaparecido', que hacen crecer el ritmo hacia el delirio y la pesadilla: «Fue el tormento, los golpes y en pedazos nos rompimos. Yo alcancé a oírte pero la luz se iba. Te busqué entre los destrozados y hablé contigo. Tus restos me miraron y yo te abracé. Todo acabó. No queda nada. Pero muerta te amo y nos amamos, aunque esto nadie pueda entenderlo».

América es una geografía repleta de nichos sin nombre; el mundo es una geografía repleta de nichos sin nombre y, ante ellos, el poeta canta al borde de la desesperación, pero canta de amor: «con la cara bañada canté de amor y los muchachos me sonrieron. Más fuerte canté, la pasión puse, el sueño, la lágrima». O quizá los nichos son lo que contiene ya a los países y el poeta se afirma «pegado, pegado a las rocas, al mar y a las montañas».

Poemarios chileno-dantescos como Purgatorio, Anteparaíso, La Vida Nueva. están entre lo mejor de una producción continua de este Raúl Zurita, sintético, literario, desquiciado, y una de las grandes voces de comienzos de este siglo, sobre el que podremos reflexionar y con el que podremos encontrarnos en Santander en los próximos días.